
>>Queríamos hablar de amor, ¿no? Pues bien, ¿qué es el amor? Hoy en día rara vez se está dispuesto a dar la vida por una mujer. Eso sería, claro está, lo más hermoso. No me interrumpa, No me estoy refiriendo al amor entre dos personas, a besarse, dormir juntos y contraer matrimonio. Hablo del amor que se ha convertido en el único sentimiento que rige una vida. Este amor se vive en solitario, incluso en el caso de que, tal y como dice la gente, se "correspondido". Consiste en que toda la voluntad y capacidad de un hombre se vean impetuosamente arrastradas hacia un único fin y en el hechode que cualquier sacrificio se trueque en deleite. Esta forma de amor no hace feliz; quema, hace sufrir y detruye; es fuego y no puede morir sin haber cosumido todo lo que encuentra a su paso.
>>Sobre la mujer que yo amé no es preciso que sepa nada. Quizá era extraordinariamente hermosa, quizá simplmente guapa. Tal ves era un genio, tal vez no. ¡Qué más da, Dios mío! Ella fue el abismo en el que ineludiblemente me precipité; fue la mano de Dios que se asió un día a mi humilde existencia. Y a partir de entonces, esta humilde existencia pasó a ser grande y regia. Entiéndalo, de repente ya no llevé la vida de un hombre de posición, sino la de un dios y la de un niño, delirante y disparatada,; era fuego y ardor.
>>Desde entonces todo lo que había sido importante para mí se volvió baladí y aburrido. Descuidaba cosas que nunca antes había descuidado; urdía triquiñuelas y emprendía viajes sólo para verla sonreír un instante. Por ella me convertía en el ombre que podía hacerla feliz: por ella era yo alegre y serio, locuaz y callado, correcto u alocado, rico y pobre. Cuando se percató de mi forma de actuar me sometió a innumerables pruebas. Para mí era un placer servirla; por imposible que fuera su ocurrencia o inimaginable su deseo, yo lo satisfacía como si de una nimiedad se tratara.
>>Entonces se dio cuenta de que la quería más que a nada en el mundo y vinieron tiempos tranquilos en los que me comprendió y aceptó mi amor. Nos vimos miles de veces, emprendimos viajes e hicimos lo imposible por estar juntos y confundir el mundo.
>>Entonces habría podido ser feliz. Ella me quería. tal vez durante algún tiempo fui feliz.
>>Pero mi objetivo no era conquistar a esa mujer. Emepcé a inquietarme después de haber disfrutado durante una temporada de aquella felicidad y ver que mis sacrificios no eran ya necesarios, al constatar que sin esfuerzo alguno obtenía de ella una sonrisa, un beso y una noche de amor. No sabía lo que echaba en falta; había llegado más lejos de lo que nunca me habría atrevido a soñar. Pero estaba inquieto. Como he dicho, mi objetivo no era conquistar a esa mujer. Fue una casualidad que eso sucediera. Mi objetivo era sufrir de amor y, cuando la posesión de la amada comenzó a aliviar y enfriar mis tormentos, fui presa de la inquietud. Lo resistí durante cierto tiempo; después me sentí de repente espoleado a ir más allá. Abandoné a la mujer. Me tomé unas vacaciones e hice un largo viaje. Por aquel entonces mi fortuna ya había mermado considerablemente, pero ¿qué importaba? Viajé y no volví hasta al cabo de un año. ¡Extraño viaje! Apenas me había alejado y ya ardía de nuevo el fuego de otros tiempos. Cuanto más lejos me iba y más prolongaba mi ausencia, tanto más acuciante me resultaba la pasión. Me dediqué a observar, a divertirme, y continué viajando a lo largo de un año, sin pausa ni descanso, hasta que la llama se me hizo insoportable y necesité de nuevo la proximidad de mi amada.
>>Resolví volver a casa y la encontré furiosa y profundamente humillada. ¡Qué duda cabe de que ella se había entregado a mí, me había hecho feliz, y que era yi quien la había abandonado! Tenía otro amante, pero ví que no le quería. Lo había aceptado por despecho.
>>No le podía decir o escribir qué era lo que en su momento me había impulsado a apartarme de ella y que a mi regreso me impelía asimismo a correr a su lado. Quizá no lo sabía ni yo. Así que empecé otra vez a cortejarla y a batallar por su conquista. De nuevp recorrí largos trechos, descuidé importantes asuntos y gasté un considerable dineral para oir una palabra suya o para verla sonreír. Abandonó al amante, pero pronto conoció a otro, puesto que ya no confiaba en mí. A pesar de ello, a ratos le complacía verme. Algunas veces en una velada o en el teatro se desentendía de las personas que había a su alrededor y me echaba una mirada dulce e interrogativa.
>>Siempre me tuvo por una persona extraordinariamente rica. Yo había despertado en ella esa creencia y la mantenía viva, sólo para poder ofrecerle en todo momento aquellas cosas que ella no habrís acepatdo de un pobre. En otros tiempos le habría hecho regalos; pero eso estaba ya superado y me hallaba en la tesitura de encontrar nuevos sacrificios y nuevas formas de hacerla feliz. Organizaba conciertos en lo que los músicos que ella mas apreciaba tocaban y cantaban sus fragmentos favoritos. Hacía acopio de entradas de palco para poder ofrecérselas en los estrenos. De nueno tomó por costumbre que fuera yo quien se ocupase de todo.
(...)
>>Había llegado tan lejos, que veía el final ante mí. Mi esperanza de conseguirla de nuevo corría pareja con el agotamiento de mis últimos recursos. Pero no quería parar. Todavía conservaba mi empleo, mi influencia, mi distinguida posición. ¿Para qué, si no me servía de nada? Eso explica que mintiera, malversara fondos y dejara de temer la acción de la justicia, pues había algo mucho más temible para mí. Pero mi desgracia no fue en balde. Ella había roto también con su segundo amante y yo sabía que ya no tomaría a ningún otro que no fuera yo.
>>Me tomó a mí, sí. Eso significa que se fue a Suiza y que me permitió que la siguiera. A la mañana siguiente solicité un período de vacaciones. En vez de una respuesta, obtuve mi detención. Falsificación de documentos, malversación de dinero público. No diga nada, no hace falta. Ya lo sé. Pero ¿sabe usted que también en mi deshonra y en mi condena y en el hecho de quedarme sin camisa por amor, en todo eso, ardía todavía la pasión? ¿Que todo eso no era sino el precio del amor? ¿Entiende usted eso, como joven enamorado que es?
(...)
"Víctima del amor"
Cuentos de amor- Hermann Hesse
martes, 4 de octubre de 2005
El hombre que podía hacerla feliz.
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